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¡Pobre Torito

                                                                                                                 Por: Pitufo Gruñón.

Saliendo de Acho el domingo pasado, ocho gtos desarrapados aullaban a coro «¡La muerte y la tortura no es arte ni es cultura!», enarbolando carteles en pintura fosforescente. «Torea a tu madre», rezaba uno. «Asesinos de eme», el otro. Estos patas con cara de pastrulos están ahí todos los domingos, tanto a la entrada como a la salida de la corrida. Para la primera de feria eran como treinta. Se están quedando sin gas porque ayer domingo eran ocho. Los conté. No pude reconocer a ningún alumno de la PUCP. Menos mal.

Tengo dividida a la humanidad en tres escuelas de pensamiento respecto de los toros. La primera (en la que me incluyo y se incluyen la gran mayoría de los escritores y artistas del mundo hispánico) es la escuela del Arte Milenario. Nosotros creemos que la fiesta brava sí es un arte y sí es cultura. No voy a demostrarlo aquí y ahora porque la intención de este artículo no es constructiva ni educativa sino pérfidamente parcializada.

La segunda escuela de pensamiento es la que considera los toros como una Fiesta Folklórica de Interés Socio-Antropológico-Cultural. Sus adherentes van a los toros para gozar de todo lo adjetivo, lo lateral, lo espectacular, lo &127;interesante&127;, lo sabroso y también (por qué no, vive Dios) para apreciar los cuerazos que se dejan ver en Acho. Ellos van con su sombrero alón, su bota de vino y sus pelitos del pecho al aire; ellas con su polito apretado y su escote tentador, y, a veces, hasta con su ombliguito. Sentarse junto a un cuero desconocido puede ser toda una experiencia. Si el toro le pega un revolcón al torero, el susto es tal que, bueno, ustedes las mujeres sienten la imperiosa necesidad de prenderse de alguien con mucha fuerza y esconder la cabeza en algún hombro varonil. No hay otra forma de pasar el susto: si a su izquierda se encuentra otra mujer y a su derecha está sentado, digamos... ¿Salvador del Solar?... en fin, creo que este buen actor y mejor pata acogería con cariño un apretón de terror. Pero escúchenme, amigos, ese vecino que ofrece varonil refugio podría ser uno mismo. A mí me ha pasado un par de veces. Sin consecuencias de ningún tipo, me apresuro a agregar. Pero esto es cuestión de cada quien: la fiesta y sus inevitables sustos están allí para que cada quien les de el uso que desee. Salvo, claro, los de la tercera y vergonzante escuela de pensamiento que se llama la del Pobre Torito.

¿Pobre torito? ¿TORITO INOFENSIVO Y DULCE, dicen? ¡Vamos! El toro bravo es la única fiera salvaje que mata por gusto. Pongan a su alcance una vicuñita inocente y el toro la habrá de perseguir y despanzurrar para luego olerla hasta cerciorarse de que está bien muerta. Después seguirá pastando tan tranquilo. ¿POBRE TORITO? El toro bravo vive cinco años en un inmenso campo agreste, tirándose a las vacas bravas que le ponen delante, que son muchas y muy bravas (en todo sentido). Comparen esta vida con la de un toro de engorde, limitado durante apenas dos años y medio a comer proteínas artificiales en una jaula y sin saber lo que es el sexo. ¿Y qué me dicen del buey, vociferantes esperpentos de Acho? ¿&127;Pobre torito&127; porque muere de un digno espadazo? En el camal lo matan a palos en la cabeza. ¿Que al &127;pobre torito&127; lo preparan para que embista metiéndole sabe Dios qué cosa por sabe Dios dónde? Falso. Preparen a un toro Holstein con lo que quieran y no embestirá ni a su propia sombra. La estirpe del toro bravo es una especie precisa, tan pariente del toro manso como el tigre es pariente del gato. El toro de lidia se cría en las mejores condiciones de libertad precisamente para representar, en la plaza, lo más peligroso y artero que hay en la Naturaleza, y para que el ser humano la enfrente y la derrote, haciendo gala de valor y de un misterioso y antiguo arte que es, admito, difícil de apreciar. Pero ahí está. La Fiesta Brava le otorga al vacuno (como especie animal) una dignidad mucho mayor que la de servir de bistek. ¿Los ocho huevas tristes de Acho son todos vegetarianos? ¡Vayan a decirle a su madre que ya nunca más les prepare su  lomito saltado.
 

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Abriendo las Puertas del Infierno - I

Por: SePhiRot
 

 No es nada nuevo criticar a la ola neoliberal que consumió al Tercer Mundo en esta última década. Los individuos como cifras manejables, el bienestar humano supeditado a los logros de la macroeconomía, y la religión yuppie basada en el culto al Dios Mercado como infalible administrador y repartidor de riquezas (&127;el Mercado es justo, el Mercado nos rodea, el Mercado premia a los mejores, dejen que el Mercado guíe sus vidas&127;),  constituyen el subtexto siempre presente en los discursos que ponderan el Estado no-interventor y  la eficiencia y pragmatismo en detrimento, por supuesto, del &127;proteccionismo y populismo&127;. Hemos vivido esto en carne propia con el gobierno actual, y de una de las maneras más ortodoxas: todavía no podemos librarnos del sendero económico que marcó la presencia del ex-ministro Boloña y su fría e inhumana visión de la sociedad y la economía.

Lo que si cabe mencionar es que, abriendo los mercados libremente al exterior, cada país está cediendo parte de su soberanía a los grandes poderes económicos internacionales. Y estos no responden a ningún gobernante elegido por el pueblo, sino a unas personas que sí han sabido acumular miles de millones de dólares y no precisamente por su sentido humanitario y caritativo. Las grandes crisis económicas son  hoy compartidas no sólo por el país afectado sino por todas las naciones, en especial las más pobres, mientras que los grandes éxitos económicos sólo benefician a regiones determinadas. Es decir, la globalización sólo globaliza miseria y contamina con un toque de american way of life nuestras culturas indefensas. Cuando se menciona algo parecido a &127;protección de mercados&127;, saltan una partida de insufribles a acusar esas propuestas como &127;nacionalismos caducos&127; y &127;medidas que entorpecen la libertad de comercio&127;; y esto no sólo ocurre aquí sino también en Europa y los EEUU, aunque con menor dramatismo que en nuestro caso. Hablar de los grandes poderes económicos suena a discurso trillado, pero lamentablemente eso no significa que los mencionados poderes no existan. Están allí, y son los más ricos. La lógica de la riqueza no se basa sólo en la habilidad, sino también en la ambición. Alguien que tiene una fortuna de cien millones de dólares puede tener su vida solucionada hasta la muerte, pero quiere seguir acumulando más y seguir añadiendo más dígitos a su fortuna. Si alguien ha tenido la ambición y la astucia suficiente como para tener miles de millones, ¿se detendrá en ese punto? Al parecer, no. Lo que antes resultaba reprobable y mal visto, es ahora una virtud muy celebrada.

Con las naciones del mundo abriendo sus entrañas para la &127;libertad de comercio&127; y la fusión de gigantescas empresas en corporaciones más gigantescas todavía, ¿sabe cuál es la justicia que le espera al hombre común?, ¿y qué más puede desear un grupo de gente ambiciosa que al parecer lo tiene todo, o casi todo?

Existen datos interesantes que pasan a propósito desapercibidos por no sólo la mayoría de la gente, sino incluso por quienes se consideran la clase intelectual y bien informada. Los hilos que mueven al mundo en un conato de plan mayor y de largo alcance es lo que trataremos en nuestra siguiente edición de Psirrosis. Hasta entonces.