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American Cinematographer
American Cinematographer

Magazine DescriptionFor more than 80 years American Cinematographer has been the monthly "magazine of record" for film professionals all over the world. AC offers in-depth, behind-the-scenes articles on how films are shot and lit. Top cinematographers and directors are interviewed at length. Director Martin Scorsese calls American Cinematographer a "beacon which has illuminated the field of cinematography and the motion picture industry for years, and I've been reading it since I was a film student."

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El horror por el blanco.

ojo.jpg (2933 bytes)Por Lacravista

"... Además de estas consideraciones más obvias de Moby Dick, que no podían sino suscitar cierta alarma en el ánimo de cualquier hombre, fluctuaba en torno a ella otro pensamiento, o más bien un horror vago, indecible, que a veces dominaba todo lo demás por su intensidad misma. Sin embargo era tan místico e inexpresable que casi desespero de poder comunicarlo en forma comprensible. Era, sobre todo, la blancura de la ballena lo que me aterrada. Pero, ¿cómo puede esperar que seré capaz de explicarme en estas páginas? Más debo explicarme, siquiera de un modo oscuro y aproximativo; de lo contrario estos capítulos no servirían de nada... ". (Herrman Melville, Moby Dick.)

Culturalmente el blanco, y habló del blanco en sí, sin matices, es aceptado como símbolo de pureza y virtud, nobles y no sólo cristianos valores cuya representatividad deriva desde los cuellos blancos de los padres, al los níveos y juveniles cuerpos, símbolo máximo de belleza en la antigua Grecia. Pero esto no queda allí, blanco también es el pálido cutis de los muertos, un color fantasmal por excelencia, la consternación ante el miedo, el horror (algo manido, cierto) de la persona frente al papel sin palabras, o la pantalla sin imágenes. Blanco es, por fin, el anémico caballo, rey de los miedos, que es personificado en los evangelios como portador de desgracias. El blanco puede llevar, entonces, a la exacerbación del terror al grado máximo; en resumen: el vacío.

Pero ¿acaso no son los colores y la forma en como uno se aproxima ellos, patrones estéticos personales que, debido a esto, quedan en juicios meramente subjetivos? Sí, pero sólo en parte. Lo que es cierto, y esto quiero recalcar, es que nadie puede negar que el entorno cultural no influya en su apreciación, la que se basa en las distintas sensaciones que nos produce el percibir nuestro alrededor. Es así como una persona se aproxima, por determinadas impresiones que lo llevan a escoger y seleccionar entre varias alternativas. Pues bien, a eso voy. Mi intención es dar a entender que, en el fondo, esto no es solamente un punto de vista particular, que acaso ello responde, además, a las propias experiencias e influencias. Volviendo a nuestro tema central. ¿Con el canto de qué color cubren a los muertos? ¿Se imagina usted atrapado en un sueño donde todo lo que lo rodea es blanco? Sería la desesperación al máximo. Por otro lado, imagínese usted atrapado en un sueño donde todo lo que lo rodea es oscuro. Tendría miedo, como en el caso anterior, por lo que no ve, pero aún así tantearía entre las sombras. ¿Tantearía entre una superficie totalmente blanca? ¿Adónde cree que lo llevaría? A nada, desde luego, a nada.

Esa es la verdad, no podemos imaginar qué hay más allá de este color, sólo vemos nada. ¿Por qué? Por la dualidad que esconde este: por un lado es símbolo de lo sobrenatural y pútrido (por qué no), y por otro lado es lo más celestial, como la blanca barba de Dios, las nubes que rodean el cielo, un rayo de luz, la túnica de Cristo, en fin, lo máximo. Ambas cosas conjuntas son el tope, ambas convierten, por ello, al blanco en un color extremista, excesivo, exagerado, caminado siempre en el filo; tan pleno y vacío a la vez, que se convierte en el color que yo más detesto.

Cito nuevamente a Melville en Moby Dick:

"... ¿Será acaso que la blancura ensombrece con su vaguedad el vacío, las despiadadas inmensidades del universo, y nos apuñalar por la espalda con el pensamiento de la nada, cuando contemplamos las amplias profundidades de la Vía láctea? ¿O acaso ocurre que en su esencia la blancura de obstante un color cuanto la ausencia visible de color, lo cual explica que exista la vacuidad -muda y a la vez plena de significado- en un panorama nevado, y ateísmo de todos colores, tal que nos estremece?...".

 

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